Sergio Ismael Lucena murió el jueves pasado en la sala de terapia intensiva del Hospital Padilla, a causa de una fuerte golpiza de la que fue víctima. El joven, de 25 años, había salido el día anterior de su casa, ubicada en el barrio Experimental II, junto con Marcelo López. Eran amigos desde hace años y juntos iban al barrio El Gráfico. "Salieron a las 19 y fueron a visitar a una amiga de López", dijo Daniel Lucena, hermano de la víctima.

Lucena y López se quedaron hasta la noche en la casa de la chica y, antes de la medianoche, se despidieron para volver a su barrio. A las 23.30, llegaron a la parada. Pero ninguno de los dos internos de la Línea 107 a los que les hicieron señas quisieron levantarlos. La misma suerte tuvieron cuando intentaron tomar un taxi. Sin otra manera de volver a su barrio, comenzaron a caminar hacia el sur por la calle 12. Según López, era alrededor de las 0.40 cuando se cruzaron con una mujer y un muchacho que caminaban en dirección contraria a la suya.

"Estábamos a tres cuadras del barrio El Gráfico -explicó López a LA GACETA-. Entre los pastizales, Sergio pudo ver a dos hombres y pegó un grito: ?Mirá hay dos vagos en el descampado?. Cuando nos vieron, corrieron hacia nosotros. Estaban armados y pensábamos que eran ladrones; por eso corríamos de vuelta al barrio", agregó.

Susto y escapada
De acuerdo con la versión de López, los perseguidores les dispararon tres veces pero ninguna de las balas los alcanzó. "Los dos tipos estaban vestidos de civil. En la corrida alcanzamos al chico y a la mujer con quienes nos habíamos cruzado. Ellos también se asustaron y escaparon en nuestra misma dirección. Al llegar a la entrada del barrio, escuché que nos hicieron otro disparo", dijo López.

Como después se supo, los hombres que perseguían a Lucena y López son policías, que al parecer, en el momento en que ocurrió el hecho no estaban en servicio. "Comencé a pedir ayuda y un vecino me señaló la casa en donde vivía un policía. Nos acercamos, entramos al patio de la casa de este hombre que salió a atendernos. Pero, en ese mismo momento nos alcanzaron los otros dos hombres y comenzaron a pegarnos. A Sergio le partieron la cabeza de un culatazo y a mí me tiraron al suelo y me patearon. Después nos llevaron al destacamento del barrio El Gráfico y nos dijeron que teníamos dos opciones: firmar una declaración diciendo que habíamos sido víctimas de un robo o quedar detenidos. Como no sabíamos de que se nos podía llegar a culpar, optamos por firmar el acta", remarcó.